El agua en la citricultura Valenciana 1

El Agua es fuente de vida, e indispensable para satisfacer las necesidades básicas del hombre y uno de los recursos naturales que nos afecta en todos los aspectos básicos de nuestra vida. Vital para nuestra supervivencia, la industria y el riego de nuestros campos, ya que la agricultura fue y será durante muchos siglos, el sustento de nuestros pueblos, que dependían y dependen mayoritariamente de la agricultura, primero como subsistencia alimentaría, seguida de la económica.

El agua químicamente pura según sus propiedades organolépticas, es un líquido incoloro y transparente en capas de poco espesor, inodoro e insípido. La particularidad del agua si es pura, “destilada libre de sales y minerales” no conduce la electricidad, y las propiedades físicas a la presión atmosférica de 760 m/m son: punto de congelación 0º C, cristaliza de forma hexagonal, el punto de ebullición es de 100º C. A temperaturas ordinarias puede presentarse en los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. Y como elemento químico esta formada por dos partes de hidrógeno y una de oxígeno.

El agua en principio es un bien colectivo del que todos tienen derecho a beneficiarse, pertenece a la humanidad y nos atañe a todos el velar por su buena gestión y uso, pero aunque parezca incomprensible esta afirmación no es compartida por la gran mayoría de los poderes fácticos y dirigentes políticos, ya que el agua es uno de los elementos que mayoritariamente ha contribuido a que en el mundo existan zonas de gran riqueza y zonas de extrema pobreza, por lo que se puede hacer buena la siguiente expresión:

 

“El que tiene el agua tiene el poder”

 

Antes y a partir de lo heredado de los romanos, el hombre tuvo que prestar el máximo esmero e ingeniárselas el como aportar agua a donde él se ha ido estableciendo, aprovechando el agua de los ríos y fuentes. De lo que podemos deducir, que las primeras civilizaciones que soportaban grandes dificultades en acarrear el agua, solían ubicarse cerca de los grandes ríos siempre que les fuera posible, y desde épocas históricas, en aquellas zonas donde el agua ha sido muy escasa y las lluvias insuficientes, el hombre, para asegurarse la supervivencia, ha tenido que plantearse el cómo conseguirla, almacenarla y distribuirla, fundamentalmente en la agricultura valenciana que esta basada en el regadío.

De su gestión e ingeniería hidráulica, debemos destacar las primeras aportaciones del Imperio Romano, en la construcción de grandes obras de carácter utilitario para una mejor gestión y uso, destacando la construcción de presas para el almacenamiento y retención artificial del agua, usando el sistema de tratamiento por aireación como método de purificación y la construcción de acueductos, cuya finalidad era el soportar una conducción o canalización de agua, intentando salvar de esta forma depresiones del terreno. Pero sobre todo intentaban aprovechar el agua proveniente de las montañas como de mayor calidad.

Si nos remontamos a los tiempos de Aníbal, ya existen referencias históricas sobre el agua, evidencias que en la actualidad y a pesar del tiempo transcurrido algunas de ellas se siguen manteniendo. Pero muchas de las infraestructuras que instalaron los romanos se dejaron de utilizar, destacando los sistemas de tratamiento del agua, por lo que durante la edad media y mayormente en las ciudades se manifestaron gran cantidad de problemas de higiene en el agua y los sistemas de distribución, porque los residuos y excrementos se vertían directamente a las aguas.

La época musulmana

A partir del año 711, los musulmanes desarrollaron nuevas técnicas de regadío, controlando la conducción del agua con la construcción de canales, acequias, azarbes etc., así como su elevación, con la construcción de diversos artilugios como las norias y aceñas.

En la Edad Media el agua no fue una excepción para la economía rural, su presencia y disfrute tuvo inmenso poder en el desarrollo medieval, ayudando a convertir las tierras cultivadas en auténticos vergeles, ya que potencia e incrementa el rendimiento de la tierra.

Es por lo que ya desde muy antiguo en las escrituras de compra-venta o arrendamiento de las tierras, se solía hacer mención o referencia a la transmisión, alquiler o disfrute de la misma para el correspondiente riego de los campos. Y para cubrir las necesidades personales, en las casas se solía recoger el agua de los ríos, fuentes y manantiales, y cuando llovía la recogían y almacenaban en aljibes y cisternas si se disponía de ellas, para el aseo y cuidado personal salían utilizar la “Safa” o el “Llibrell” aprovechando la misma agua para lavarse toda la familia y luego la aprovechaban para regar las plantas, a fin de no desperdiciar el agua que se disponía.

El Tribunal de las Aguas de Valencia

 

En el Reino Valencia, podemos destacar el legado del Tribunal de las aguas de la Vega de Valencia, cuyas primeras reseñas sobre su origen aparecen ya sobre el año 960 durante el reinado del Califa de Córdoba Abderramán III el Grande, pero según algunos historiadores, opinan que deberíamos remontarnos en su origen a los romanos, que tan inteligentemente aprovecharon los recursos hídricos, afirmando que la red de canales y acequias de Valencia fueron construidas por ellos hace unos 2.100 años, ya que se han encontrado cerámicas destinadas a canalizar e interrumpir el paso de las aguas, por lo que incita a pensar que los romanos eruditos en legislar, debieron establecer las primeras bases de tal legado, así como la regulación jurídica de los conflictos.

A consecuencia de la conquista de Valencia por Jaime I, el agua en el reino es adquirida por derecho de conquista por el rey, el cual en el siglo XIII estableció una reglamentación y estructura para su uso y distribución, tanto para el consumo humano como para el regadío en la agricultura.

Según els Furs todas las aguas del reino pertenecían al Rey ó Señor, incluyendo los ríos, manantiales, fuentes, acequias. Y para el riego, este a su vez, donaba ó concedía su usufructo para permitir el cultivo de las tierras propias y ajenas.

 

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