El tribunal de las Aguas de Valencia 1

El Tribunal de las aguas de la Vega Valencia, es un Jurado de Riegos, que se instituyó con la finalidad de administrar y resolver los posibles litigios ocasionados en el riego de la huerta de Valencia. Estaba formado por un síndico por cada una de las siete acequias; las situadas a la derecha del río, son la de Quart, Mislata, Favara y Rovella, y las de la izquierda, Tormos, Mestalla y Rascanya. Antiguamente el Tribunal lo formaban siete síndicos, hasta que la acequia de Benàger-Faitanar se desligó de la de Quart, pasando a un número de ocho síndicos.

El Tribunal se reúne todos los jueves excepto festivos a las doce de la mañana en la puerta de los Apóstoles de la Catedral de Valencia . Y los veredictos del Tribunal, a lo largo de los siglos de su existencia, han sido siempre acatados por los regantes sin tener que recurrir a la presencia de policía o cuerpo armado, ni la existencia de cárcel, para obligar a cumplirlos y respetarlos.

El profesor D. Víctor Fairén en su obra “El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia y su Proceso”, en uno de sus párrafos describe:

 

“Este Tribunal que se mantiene exactamente igual a través de un milenio, ha traído hasta nuestra época presente las características de un tribunal medieval superviviendo a través de las centurias; y por ello no puede ser clasificado como un tribunal especial, sino equiparable en verdad a los antiguos «Tribunales de Ancianos o de Sabios» herederos de aquellos “Tribunales de Seniores” instituidos por los romanos.

Y este Tribunal, por otra parte, a través de esos diez siglos, ha ido creando sus propias normas procesales ha creado un procedimiento por el que se rige; tomándolo tal vez de instituciones similares a través de las diferentes épocas, pero sobre todo, esquematizándolo hasta un límite tan inverosímil que queda en la propia estructura de un procedimiento judicial, apartado de todo barroquismo y rúbricas faltas de contenido que se repiten por inercia. Nada de esto tiene el procedimiento que el Tribunal emplea en sus juicios, porque el trámite no puede ser más sencillo y natural.

La autoridad del Tribunal de regantes

Y lo que si se ha de reconocer es que el Tribunal tiene una característica esencial, admitida por todos; su “auctoritas”. Es decir, esa autoridad superior, nacida de una serie de circunstancias que la perfilan y mantienen, como son la justeza de sus fallos, la exactitud de sus sentencias, la eficacia de sus resoluciones, la continuidad en el mantenimiento del orden, el no conocerse sentencias de dudosa justicia, y por todo ello, el respeto incuestionable que en la Huerta existe por el Tribunal de las Aguas, cuyo respeto trasciende a la Ciudad, toda vez que al Tribunal son citados y acuden sumisos a ser juzgados, y aún sancionados, personas o entidades que no son regantes; como por ejemplo particulares o empresas dedicadas a la construcción que por levantar sus edificios en terrenos todavía agrícolas, interfieren el riego con obras sobre canales o acequias, lo que motiva infracciones de Ordenanzas; y acuden al Tribunal para ser juzgados y condenados porque ellos cayeron dentro de la Jurisdicción del Tribunal y de su competencia para conocer de sus actuaciones. Y de igual manera las empresas de servicios públicos, ferrocarriles, empresas eléctricas, etc. Y, cada vez más, quienes provocan la contaminación de las aguas.

Actitud y aceptación de competencia y jurisdicción que solamente es explicable por esa «auctoritas» incuestionable que el Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia tiene”.

Desde la época medieval

Jaime I al conquistar Valencia, confirma los usos y costumbres que en el riego tenían los árabes, estableciendo en Els Furs en 1239 la continuidad y pervivencia del Tribunal de las Aguas. Nos queda su organización en que Jaime I en el Fuero XXXV, confirma todos los privilegios que se gozaba en el riego en tiempo de los árabes, estos privilegios están descritos en un primer documento otorgado el 29 de diciembre de 1239 por Jaime I, en el cual el Rey dona las aguas a todos los habitantes y pobladores de la ciudad y Reino de Valencia, así como todas las acequias de su término, con la excepción de la acequia Real. Y cuya redacción transcribimos para confirmar su generosa y acertada visión. El texto en la lengua romance en que están escritos los Fueros, traducido al castellano dice:

 

“Por Nos y por los nuestros damos y concedemos por todo tiempo a vos todos juntos y cada uno de los habitadores y pobladores de la Ciudad y Reino de Valencia, y de todo el término de aquel Reino, todas y cada una de las acequias francas y libres, mayores, medianas y menores, con las aguas y manantiales y con las conducciones de las aguas, y también las de las fuentes, exceptuada la Acequia real que va a Puçol, de cuyas acequias y fuente toméis el agua, escorrentías y manantiales de agua, siempre continuamente de día y de noche, de modo que podáis regar de ellas, y tomar las aguas sin servidumbre, servicio o tributo alguno, y que toméis las dichas aguas según antiguamente fue establecido y acostumbrado en tiempo de los sarracenos”.

La propiedad del agua como recurso

De lo descrito anteriormente, el agua no es de unos ni de otros, “es de todos” y ante esta disposición real, nadie puede invocar un privilegio de preferencia, recibiendo mucha, si hay mucha cantidad y poca, si hay poca cantidad. Pero todos y todas en más o menos, según el caudal del agua y participaciones de cada uno.

A su vez, los Reyes y señores, también ostentaban el privilegio de poder establecer molinos sobre los ríos, fuentes y acequias de sus dominios, con el digno propósito de aprovechar la fuerza hidráulica producida por sus aguas, asegurando el buen funcionamiento de sus muelas. La razón de esta reserva real, era porque los Monarcas y señores tenían el deber de garantizar el pan a los habitantes de sus pueblos, reservándose esta opción con la finalidad de que hubiera seguridad en su funcionamiento para poder transformar el trigo en la harina para la confección del pan, así como otros productos.

Posteriormente se crearon las Comunidades de Regantes, compuestas por una Junta de Gobierno, un Sindicato y un Jurado de Riegos con funciones propias de un tribunal. Las aguas una vez cedidas, eran perfectamente reguladas por las estas Comunidades u otras entidades, coordinando su gestión y administración para no desperdiciarla, ordenando las necesidades del riego de los campos con la de los molinos hidráulicos, con el fin sacarle el máximo provecho y rendimiento.

Aseguramiento del riego

Con el fin de asegurar un buen riego, se hacía primordial la atención, cuidado y conservación de todos los dispositivos de regulación y distribución de las aguas, como son: acequias mayores y menores, “brasals”, “dentells”, “barres”, caixers”, escorredors”, “escorrenties”, “escorrins”, azudes, balsas, cisternas, sendas, veredas y portales, así como las acequias del molino. Estos trabajos estaban a cargo de los propietarios y para realizarlos, se solía delegarlos al encargado principal de las acequias o Acequiero “Sequier”, esta persona también estaba encargada de la administración del riego y velar por su correcto funcionamiento. Su nombramiento correspondía realizarlo al Señor y debía estar adscrito al Mostassaf, los gastos y honorarios del “sequiatge” y “guardianatge”, eran sufragados mayoritariamente por los vasallos, pero también se podían sufragar y previo acuerdo, unas veces a cargo de los campesinos y otras a cargo de la nobleza.

Se regaba a manta por inundación Rec de Boquera, sistema de origen romano, y los árabes establecieron las tandas, las cuales fijaban el turno de riego de las distintas parcelas o heredades. Para regar los campos que se encontraban a un nivel más elevado que el agua, antiguamente en nuestra zona para elevarla, se usaba el “Rec de Carabassí”, que según Cavanilles, “Se usaban como recipientes las calabazas”, sustituido posteriormente por el “Rec a Barril”, pero mayoritariamente en nuestras zonas húmedas se regaba de la forma llamada riego de “Tahona”, sustituidos por las norias “Sènies” o aceñas.

Describe Cavanilles en el prologo de “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia” Tomo I, pág. IX:

 

“Para facilitar el riego se anivelan las superficies de los campos, haciendo gradas quando es mucha la desigualdad del terreno, y entonces se ven en anfiteatro trigo, cáñamos, maíces, y gran número de frutales y moreras. etc…. Para regar las huertas, los valencianos ponen á contribución todas las fuentes y los ríos: algunos de estos quedan secos antes de llegar al Mediterráneo, por los abundantes canales que les sacan. Ni se contentan con aprovechar todas las aguas de las fuentes; registran las entrañas de los montes y cerros sin perdonar á fatigas y gastos para descubrir su origen, y aumentarlas con excavaciones y conductos subterráneos…etc.” .

Regulación y administración

Vista la complejidad que el agua conlleva, fue inevitable regular su administración para un correcto uso. Observándose ya el 16 de septiembre de 1279, en que Pedro III Grande, concede a los moradores presentes y futuros de la villa de Pego, todos los campos de su Valle, con sus llanuras, montes, ríos y aguas hasta el límite del mar, según escritura otorgada en Valencia por D. Pedro Marques escribano de la corona.

Posteriormente impulsada por el Asesor Patrimonial D. Vicente Branchat, se dictó la Real Cédula de 13 de abril de 1783, en la que se regulaba el procedimiento, método y reglas a seguir en el otorgamiento y concesiones de las aguas, es decir: para beber, para el regadío de los campos y otros diferentes como el destinado a aprovechar la fuerza producida por las corrientes de agua, para impulsar y mover los Batanes de los molinos hidráulicos de todos los pueblos del Reino.

El 3 de agosto de 1866 se decreta una nueva la Ley de Aguas y posteriormente otra el 13 de junio de 1879, cuya redacción es atribuida al Catedrático de la Universidad de Valencia D. Antonio Rodríguez de Cepeda.

De nuevo el 2 de agosto de 1985, se dicta la Ley 29/1985, prorrogada su vigencia en la Cuenca Hidrográfica del Júcar hasta el 31 de diciembre, en la que se aprueba el Reglamento del Dominio Público Hidráulico, y establece la ordenanza que regula las revisiones concesionales de los caudales suscritos en el Registro de Aguas, así como la planificación hidrológica de los aprovechamientos inscritos.

De la ley de aguas de 13 de junio de 1879, a la actualidad se han venido dictado diversas Leyes, Cédulas y Reales Decretos, con la finalidad de adecuar y regular los aprovechamientos de aguas superficiales procedentes de manantiales, así como la privatización de las aguas subterráneas.

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